La publicidad ha logrado lo que ninguna religión pudo: la presencia total
Guerra, arte, educación y hasta tu café: una mirada satírica a cómo la publicidad logró lo que ninguna religión pudo, estar presente en todas partes.
Felicidades. Has logrado leer el título de este artículo sin que un anuncio de 15 segundos de una casa de apuestas interrumpa tu flujo de pensamiento. Es un milagro moderno. Disfrútalo, porque en lo que tardas en llegar al punto final, tu cerebro habrá procesado, consciente o inconscientemente, aproximadamente setenta impactos publicitarios.
Bienvenido al mundo donde la publicidad no es una industria; es el oxígeno. Y como el oxígeno, si dejas de consumirlo, simplemente dejas de existir en la realidad social.

1. La guerra: bombas con “engagement”
¿Pensabas que la guerra era solo cuestión de geopolítica y acero? Qué tierno. La guerra es, ante todo, un ejercicio de branding. No lanzas una invasión, lanzas una “Operación Libertad Absoluta” (nombre registrado, probablemente). Los tanques llevan banderas porque son el logo de la empresa estatal, y los soldados son influencers de una marca llamada “Patria” que vende un estilo de vida bastante extremo. Si una guerra no tiene buena narrativa, buen diseño de posters y un eslogan pegadizo, no consigue financiación en el Congreso. Sin marketing, un conflicto es solo una pelea de bar; con marketing, es un evento histórico patrocinado por el complejo industrial.
2. El arte: museos o centros comerciales con techos altos
Hubo un tiempo en que los artistas pintaban para Dios o para el espíritu. Ahora pintan para el algoritmo o para el fondo de inversión que necesita un lienzo que combine con el sofá de un magnate. El arte contemporáneo es la publicidad de la personalidad del artista. ¿Es una banana pegada a una pared con cinta adhesiva? No, es un stunt publicitario de 120,000 dólares. Ya no compramos belleza, compramos el storytelling de un tipo que decidió que su trauma infantil era una marca de lujo. El Louvre es básicamente un folleto de IKEA para gente con ínfulas de intelectual.


3. La educación: formando al consumidor del mañana
Si crees que las universidades son templos del saber, lamento decirte que son fábricas de networking con una suscripción anual carísima. Desde el momento en que un niño elige qué mochila llevar a la escuela, está enviando un mensaje publicitario sobre el estatus socioeconómico de sus padres. Las universidades no venden conocimiento (eso está en YouTube gratis); venden un título, que es el certificado de autenticidad de que eres un producto listo para ser insertado en el mercado laboral. Estudiamos para ser anuncios andantes de nuestra propia “marca personal” en LinkedIn.
4. El “yo” como valla publicitaria
Incluso en la intimidad de tu hogar, eres una valla publicitaria. Tu café tiene nombre de sirena verde. Tu ropa tiene un logo para que los demás sepan cuánto vales. Tus opiniones políticas suelen ser el copy pegado de tu creador de contenido favorito. La publicidad ha logrado lo que ninguna religión pudo: la presencia total. Está en el espacio (literalmente, gracias Elon), está en tu código genético y está en ese sueño que tuviste anoche donde, extrañamente, tenías muchas ganas de comprar unas zapatillas específicas.

Preguntas frecuentes
¿Por qué la publicidad está en todas partes?
Porque casi todo compite por atención: productos, causas, instituciones y personas. Cuando algo necesita ser elegido, termina usando las herramientas de la publicidad (narrativa, diseño, símbolos y repetición), aunque no se llame anuncio.
¿Qué quiere decir que el yo es una valla publicitaria?
Que la ropa, los objetos y hasta las opiniones que mostramos también comunican quiénes somos o queremos parecer. Cada persona hace, sin proponérselo, la publicidad de su propia marca personal.
¿Este artículo está en contra de la publicidad?
No. Es una sátira escrita por gente que vive de hacer publicidad. La idea es mirar con humor, y con algo de incomodidad, cuánto espacio ocupa en la vida diaria para hacerla con más criterio.
Equipo Soult
Escrito por el equipo de Soult, la primera agencia Open Media, con oficinas en Bogotá, Ciudad de México y Miami. Quiénes somos.